jueves, 21 de mayo de 2015

Conociendome (19/05)

En este momento, mientras cocinaba en piloto automático, totalmente absorta en millones de pensamientos, de golpe, uno de ellos me atravesó como un rayo “¿Qué es lo que no te deja escribir? ¿Qué es lo que te detiene? Vos, solamente VOS”. Al principio no lo entendí pero cuando salí al patio para deleitarme con una dosis de nicotina, más para aclarar mis ideas que por el simple placer de hacerlo, entendí todo. Yo siempre supe que si hay algo que amo más que leer, es escribir, no porque quiera guita o reconocimiento, sino por el simple placer de escribir, del desahogo, el orgullo y la felicidad que te da el sólo hecho de ver el producto terminado, el saber que hay alguien detrás del monitor que puede o no sentirse identificada/o con tus palabras y por sobre todas las cosas, esa complicidad tácita que hay entre escritora y lectores.

Hasta acá todo perfecto, pero ¿el problema? La boluda que les escribe, esa pendeja SIEMPRE es el problema ¿no? Y si, así es, la cuestión en sí, es esa parte de mi, terriblemente fría, calculadora y perversa que está al asecho, esa porción que espera que fracase para decirme “Te lo dije!” con su sonrisa felina, una expresión pícara y jocosa en el rostro (si, de esas que te da ganas de romperle la ñata), con anteojos similares a los míos y una lima para afilar día y noche sus largas y delicadas uñas.

A todo eso, sumen mi terrible indecisión, mi pudor, mi vergüenza, mi derrotismo anticipado ante las más nimias cuestiones, tapando mi verdadero yo... no es una buena combinación, claro que no. Esos son mis demonios a vencer, y cada día se libra dentro de mí, una batalla que a veces gano y otras no. Así fue siempre, toda mi vida y en lo que a mi respecta, así será, pero me reconforta día a día saber que con mi constancia y una pequeña ventaja de batallas ganadas a mi favor (admito descaradamente que así es), estos asfixiantes y acaparadores demonios se van achicando para dar paso a mis virtudes, que dicho sea de paso, sean pocas o muchas, son aquellas que algún día, alguien tan descabellado como yo, podrá ver, más allá de mis defectos y apreciar lo que hay debajo de todo eso, mi verdadera esencia.

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