miércoles, 3 de junio de 2015

Conociéndome III: Hacerme la cabeza no está bueno.



Y si, como tantas otras cosas que tengo la costumbre de hacer, es un maldito pensamiento que tengo que cambiar, me cuesta horrores, pero por alguna razón (que desconozco) termino cayendo dentro de este círculo vicioso...
No importa que haga, diga o sienta siempre va a estar ese pequeño pedacito de mi que va a acribillarme a preguntas, haciéndome dudar hasta de mi nombre, por el simple perverso placer de torturarme para hacerme sentir una boluda, cuando me doy cuenta que al final, nada era tan malo ni tan bueno como yo pensaba.
Por suerte, este es otro de mis tantos malos hábitos arraigados que poco a poquito (step by step) estoy en proceso de mejorar; no digo que estoy intentando ni que ya lo mejoré porque la primera, me da la sensación de rendirme de ante mano, dejándome un sabor amargo al fallar como si el simple lo intenté fuese a consolarme, y la segunda es una etapa a la cual todavía no llegué y espero alcanzarla algún día, porque no quiero que la terrible inquisidora siga atormentándome hasta el fin de los siglos, porque de una vez y para siempre, quiero eliminar esa vocecita agobiante, que me recuerda a mi vieja, desalentándome a cada paso, a cada pequeño logro que alcanzo. Ya no me digo a mi misma, bien fuerte y claro. Es tiempo de cortarlo y mirar hacia adelante, de hacer frente a esa voz y decirle Chau flaquita, hasta acá llegaste, volvé por donde viniste, de última, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué sea feliz? Si, esta vez no tengo miedo de ser feliz...

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