jueves, 13 de agosto de 2015

Desvelo de un corazón roto

-Él está allá, armando su vida y creo que después de 6 meses podrías hacer lo mismo... - Morelia sentada sobre sus rodillas , acomodó por milésima vez ese bendito mechón castaño que cubría sus lagunas color cielo que tenía por ojos. Por su parte, su hermana permanecía inmóvil a su lado, limitándose a observarla en la distancia prudencial; lo suficientemente lejos para no invadir su espacio personal (cosa que le irritaba de sobremanera), pero cerca como para sentir su compañía y demostrarle, de alguna manera, su afecto. Siempre desde su posición, sentada en la cama con las piernas cruzadas al estilo indio.
-¿Vos pensas que yo no quiero seguir adelante? Es lo que quiero, pero me es muy difícil. Pero la realidad es que aquí - señala su pecho con congoja- es como si el tiempo se hubiese detenido, lo sigo amando -afirmó con su dulce y tierna voz, ahora aún más que nunca-. Estabamos juntos cada segundo del día, me daba fuerzas cuando sentía que no podía seguir adelante, me alentaba a perseguir mis sueños, me escuchaba sin queja alguna cuando estaba triste, hasta podía llorar en su hombre si así lo necesitaba. Él me hizo sentir segura, importante, interesante, hermosa en todos los aspectos de la palabra. Mayela -dijo casi con un hilo de voz mientras buscaba sus manos y las entrelazaba, como había hecho mil veces cuando chicas - decime... decime como hago para arrancarlo de mi -una lágrima traicionera logra escapar de sus ojos- explicame cómo lo olvido, sabiendo que lo necesito con cada parte de mi ser, con cada poro de mi piel -otra lágrima rueda por sus mejillas- ¿cómo voy a poder olvidarlo, o mejor dicho superarlo siquiera, sino hay momento del día en que no este presente en mi mente? Como... - Y ahí sin poder evitarlo, se desmoronó por completo y lloró. Lloró con todas sus fuerzas, con la esperanza de que esa agua salada que salía de sus cuencas, actuara como bálsamo para sanar las heridas de su  maltrecho corazón. Aunque esta vez sabía bien, no bastaría. Solo él podía alejarla de ese mundo oscuro y hostil que la envolvía en el día a  día, pero ya era tarde.
Él se había ido. Ya se había ido, su decisión estaba tomada y ya no había vuelta atrás...

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