viernes, 18 de septiembre de 2015

Precipicio de amor II

-¡MORELIA!- la morocha que respondía a este nombre quedó petrificada al escuchar esa voz. Si, era él. Nunca olvidaría esa voz, ni en un millón de años. Era él, el dueño de sus lágrimas, corazón y pensamientos. Su mundo entero estaba corporizado en un joven rubio de ojos color pardo, complexión atlético y alto como un rascacielos. Mientras veía como se acercaba lentamente, sin apuro, comenzó a recordar todas las cosas que alguna vez vivieron. Esas risas hasta la madrugada, las charlas sin sentido, cuando todo estaba bien. Lo seguía amando, claramente, no cabía la menor duda de eso. Su pequeño rostro cubierto por unos grandes y gruesos anteojos cuadrados, comenzó a empañarse. Sus carnosos labios dibujaron una mueca de sorpresa y sus mejillas se tiñeron de un rojo escarlata a juego con su boca.
-Hola...- fue todo lo que pudo pronunciar ella, casi sin voz ni aliento.
-Hola- contestó agitado, sin saber porque. O mejor dicho, lo sabía, muy en el fondo, pero hasta ese momento no había tomado consciencia del lugar tan importante que ocupaba esa piba en su vida. Una persona tan racional como él no podía comprender el amor y todo lo relacionado a ello, pero en ese instante, en ese preciso instante, al mirar sus ojos café notó que ella también sentía eso. Esa chispa, magia, amor, todo eso y tantísimo más...

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