jueves, 12 de enero de 2017

Y así fue...

Hoy volvi a verte. Fui a verte ni bien abrí los ojos. Extrañaba verte, escucharte como nunca antes lo había hecho. 4 días fueron más que suficientes para entender que no podía pasar ni un momento más lejos tuyo. Sopesé la idea mientras tomaba café y picoteaba sin hambre unas galletitas. Una hora después, mientras un llanto que me ahogaba el alma se coló por mis párpados, salí a buscarte sin importarme nada. Hice el mismo recorrido que tantas veces hice, algunas de tu mano entre risas y otras sola con el termo en el bolso; golpeé la puerta una, dos veces y saliste medio apurado a decirme que en un rato pasabas por casa porque tenías algo que hacer. Me fui, ilusa de mi llena de orgullo por haber sido yo quien dió el primer paso y con la esperanza de arreglar las cosas.
Pero cuando viniste, no salió como esperaba. Abrí mi corazón, dejé salir todo sin censura, con miedo a lo que podrias decirme. Un miedo totalmente justificado minutos después, cuando me dijiste que ya no podías seguir así, te hartaste. Pero la cereza del postre fue: "ya no te quiero como antes, no puedo seguir así". Hablamos un poco más, te fuiste y no quisiste abrazarme. Eso me mató, me partió en dos. Entre llorando y me derrumbé por completo.
En eso sigo, no voy a mentir. Sigo llorando mientras escribo, tal vez sea así por un tiempo. Tal vez no, quién sabe... no puedo conformarme con una simple amistad, no después de un hermoso año, el mejor de mi vida para serte sincera.
Solo puedo decirte gracias, por todas y cada una de las cosas que vivimos juntos. Te amo, como nunca jamás pensé que podía amar a alguien. Por sacar lo mejor de mi, por impulsarme a ser cada día mejor, por todo, simple y sencillamente por todo. Y así fue, como se escurrió de mis dedos el amor de mi vida...

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